Los rincones del aula

Los rincones nos permiten organizar el aula en pequeños grupos, cada uno de los cuales realiza una tarea determinada y diferente. Pueden ser de trabajo o de juego.

Según el tipo de actividad algunos rincones necesitan ser dirigidos por el maestro. En otros rincones los niños/as pueden funcionar con bastante autonomía.

Organizados en grupos reducidos, los niños y niñas aprenden a trabajar en equipo, a colaborar y a compartir conocimientos. Los rincones también potencian su iniciativa y el sentido de la responsabilidad.

Los maestros/as planificamos las actividades de manera que cada niño/a vaya pasando a lo largo de un período de tiempo (semana, quincena,…) por todos los diferentes rincones de trabajo. Es positivo que haya más de un maestro en el aula de modo que cada uno se encargue de atender unos rincones concretos.

Trabajar por rincones nos permite dedicar una atención más individualizada a cada niño/a, planificando actividades de aprendizaje adaptadas a sus conocimientos previos.

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¿PARA QUE SIRVE?

Hasta los seis años, el juego se considera uno de los medios de aprendizaje más idóneo para los menores. Jugar a las casitas, a los médicos, a las tiendas, entre otras, son actividades que contribuyen a la formación de los pequeños en un entorno lúdico. Tal como afirman María José Laguía y Cinta Vidal en su obra ‘Rincones de actividad en la escuela infantil’, “el niño no pierde el tiempo cuando juega” y la organización del aula por rincones de actividades permite que “aprendan de forma espontánea según sus necesidades”.

Las autoras apuntan también la facilidad para poder atender a la diversidad del aula como uno de los principales beneficios de los rincones de aprendizaje. Los niños tienen diferentes ritmos de trabajo y distintas necesidades. En este marco, los rincones permiten a los maestros cambiar la estructura tradicional, en la que todos los alumnos realizan las mismas tareas supervisadas por el tutor, por una organización más flexible que ayuda a “potenciar las capacidades de cada uno y a ser sensibles a su necesidad específica”.

ORGANIZAR EL AULA

Los rincones se pueden habilitar como complemento de la actividad escolar, de modo que los niños acuden a ellos en los ratos libres cuando terminan sus tareas académicas, o como espacios para trabajar contenidos curriculares específicos. En el primer caso, hay que estar atentos a la dinámica de la clase, ya que como apunta Ángeles Gervilla, esta opción beneficia a los más rápidos y puede “crear ansiedad y decepción en quienes tienen un ritmo más lento”, ante la imposibilidad de acceder a diversas actividades.

Los docentes deben estructurar los rincones del aula en función de las áreas de aprendizaje que quieran estimular. Cada rincón debe contar con su propio material, para que el niño pueda trabajar de forma independiente, sin necesidad de buscar ayuda en el maestro. No obstante, también se pueden crear rincones donde sea imprescindible la presencia del tutor, que trabaja con pequeños grupos en torno a una temática o actividad específica. “Lo primero que debe hacer el maestro es cambiar su concepto de orden y confiar en que cada niño será capaz de realizar la actividad que libremente escogió”, apuntan Laguía y Vidal.

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