¿Por qué balbucean los bebés?

Una mañana, tu pequeño ruiseñor te sorprenderá cuando realice sus primeros gorgoritos. ¡Dios mío! Qué alegría para papá y mamá cuando su pequeñín no sólo emplea su acostumbrado llanto o grito de demanda, y experimenta por primera vez la necesidad de establecer un diálogo con ellos mediante ese gorjeo maravilloso de sus cuerdas vocales, al que acompañará un rostro sereno o sonriente.

Entorno a los dos meses, el bebé comienza a responder al estímulo y las palabras amorosas de mamá, mediante un primer intento de imitarla y dialogar con ella emitiendo sonidos vocálicos. Un paso más, se produce cuando, a partir del sexto mes, el niño empezará a balbucear como una alondra mañanera en su cuna. No tiene necesidad de llamar nuestra atención o de decirnos nada, aunque sus sonidos nos inciten a acudir a su lado. El bebé cuando balbucea juega con su voz, por el placer de escucharse; ejercita sus órganos fonadores con dicha actividad, emite nuevos y diversos sonidos, empleando entonaciones y repitiendo incesablemente ciertos sonidos ¡menudo parloteo!

Ya a partir de los ocho meses, será capaz de reproducir sílabas repetidas (ecolalia) como: ta, ta, ta,…, baba, mama, yaya. La primera vocal articulada suele ser la ‘a’ y las primeras consonantes las que se forman con solo abrir los labios (m, b, p) o colocando la lengua detrás de los dientes (d, t), que curiosamente son fonemas comunes en todos los idiomas.

Desde luego, no parece que nuestro bebé lo haga porque necesita comunicarse con nosotros o quiera llamar nuestra atención. Si quisiera comer, emplearía su habitual berrido. ¿Por qué el niño balbucea, entonces? El bebé no balbucea porque nos demande atención, quiera comer, sienta frío, etc., lo hace cuando se siente contento y satisfecho, los más largos parloteos se producen precisamente cuando el bebé tiene cubiertas todas sus necesidades y está a gusto. Estos monólogos entonativos y silábicos tan divertidos para él (y tan preciosos para nuestros oídos paternales) son importantísimos ya que en esta fase se produce un desarrollo fonético, que no tiene intenciones comunicativas, sino que suponen para él un placer y con ello, consigue ejercitar y preparar sus su órganos fonadores, entrenamiento que les llevará a hablar cuando haya llegado a la madurez previa necesaria.

Esta fase pre-lingüística tiene lugar durante el primer año de vida del bebé, éste juega con sus órganos de fonación sintiendo sensaciones musculares, vibratorias y auditivas: gorjeos, gritos, risas, ruidos, succión y balbuceo. Todo ello es clave para comenzar con las primeras producciones verbales, con clara intención comunicativa ¡un paso realmente importante para el bebé!

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com

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